LSYTSDA

«Cabe suponer que, cuando nuestros antepasados llegaron a ser plenamente humanos, ya eran migrantes.»
William H. McNeill, La migración humana en su perspectiva histórica.
Durante cientos de miles de años recorrimos largas distancias y, si lo miramos bien, seguimos haciéndolo hoy. Hace apenas diez años se hablaba de una antigüedad de unos 200.000 años para Homo sapiens; hoy sabemos que nuestra historia se remonta al menos 300.000 años y que las poblaciones humanas se desplazaron durante milenios entre distintos territorios de África antes de expandirse hacia otros continentes. Los asentamientos sedentarios llegaron mucho después, pero la movilidad nunca desapareció: cuando la vida lo exige, seguimos buscando otro lugar donde poder vivirla.
Los motivos de esa movilidad son incontables. Hubo migraciones en todas las épocas y con formas a veces bien curiosas: migraciones predominantemente masculinas, como las vinculadas a la expansión militar romana; migraciones solo de mujeres jóvenes, como las Filles du Roi o la Operación Marta, que desplazaron mujeres solteras de Francia a Canadá y de Galicia y del País Vasco a Australia, respectivamente; políticas de colonización basadas en migraciones familiares, como las llevadas a cabo por Catalina la Grande, que trasladaron familias enteras de Alemania a Rusia; y otras tantas: migraciones estacionales, rurales, urbanas o transcontinentales. También nos desplazamos como pueblos enteros, voluntariamente o por la fuerza. A veces bastaba con una señal del Inca en Perú o con una decisión del Politburó en la Unión Soviética para desplazar etnias enteras de un extremo al otro del continente.
La complejidad de la movilidad humana es tan vasta como la propia experiencia humana.
Como migrante de Moldavia a España, el tema me atraviesa en primera persona. Pero, al indagar en las historias individuales, surge inevitablemente una pregunta: ¿hay alguien que pueda afirmar que no es o no desciende de migrantes? Yo nací en Chișinău, pero mis padres ya habían migrado del campo a la ciudad.
Y hablamos de movilidad, pero ¿de cuántas historias hablamos? ¿De cuántos deseos de superación, de mejora o simplemente de supervivencia? De arriesgarlo todo, incluso la propia vida, a cambio de marcharse. Y, como la vida misma, estas historias lo contienen todo: incertidumbre, miedo, felicidad, desasosiego, plenitud, deseo, humor… y tantas, tantas otras cosas.
Hay, además, en la figura de la persona migrante algo de la estructura del héroe: la pérdida, las pruebas, la adaptación y, a veces, el regreso. Migrar implica con frecuencia un viaje no solo físico, sino también psicológico, en el que una persona debe pasar por situaciones extraordinarias para tener una vida ordinaria. El psicólogo Joseba Achotegui denomina precisamente síndrome de Ulises al conjunto de procesos de duelo asociados a esta experiencia.
Este proyecto aborda la movilidad desde la multiplicidad que la define, porque hay demasiadas capas, demasiadas formas de desplazarse, demasiadas historias. Y parte también de un deseo muy sencillo: compartir la experiencia migratoria con otras personas que la vivieron; escuchar, sin más, lo que cuentan otras personas que, como yo, en algún momento se marcharon cruzando países junto a sus hijos, solas o como fuera.
Escucho sus historias y son también mías, porque yo también podría haber sido Émilie o Aicha.
Por eso este es un proyecto de muchas, muchas capas. Hay audiovisual, hay pintura, hay lectura y escritura, hay múltiples lenguajes.
Utilizo la moneda como dispositivo plástico y simbólico porque es un objeto cuyo valor reside en el sistema colectivo que lo sostiene. La moneda circula, cambia de manos y lleva implícita una cuestión que atraviesa todo el proyecto: cómo construimos el valor de las cosas y, por extensión, el valor que concedemos a las personas.
Y utilizo la cara de la moneda porque me permite ponerles cara a las personas que forman parte de un fenómeno que solo puede ser objeto de rechazo desde la distancia emocional que facilita su anonimización.
El retrato de perfil remite a la tradición numismática y a las figuras a las que históricamente se les concedió el privilegio de ocupar ese espacio de representación. Ricardo Falcinelli habla, además, del perfil como la posición propia del personaje narrativo: alguien que es visto pero no es consciente de estar siendo visto, pues está inmerso en la historia, sin establecer con el espectador el diálogo directo que produce la frontalidad. En mis monedas son precisamente personas corrientes las que ocupan ese lugar, cada una con su historia.
Dispuestas en paneles, la repetición construye una primera lectura basada en el color y el ritmo. Desde la distancia, los rostros pueden confundirse en un patrón; al acercarse, aparece otra cosa: aparece el tiempo, la dedicación con la que abordé cada una de las piezas, su singularidad; un poco como cuando encuentras a una persona entre la multitud y, solo al conocerla, se hace posible el vínculo.
En última instancia, me interesa la tensión entre individuo y colectivo: del mismo modo que una moneda aislada tiene un valor limitado y es su acumulación la que lo crea, cada retrato forma parte de una estructura mayor. Esa acumulación me sirve para hablar de comunidad: un conjunto de vidas distintas que, al aparecer unas junto a otras, adquieren una dimensión coral.
Termino estas palabras volviendo a mi propia vida, recordando (volviendo a pasar por el corazón, como dice Galeano) Lia-Ciocârlia, el coro que, cuando era niña, me distraía de las precariedades de la caída de un sistema y, a cambio, me llenaba la cabecita de cosas como música, arte o cultura.
De aquellas niñas que cantábamos juntas sé que hoy alguna vive en Bélgica, otras en Suiza, Italia o España, como es mi caso.
Al mirar los retratos y escuchar las voces de esta instalación, reconozco algo de aquella experiencia de formar parte de un coro. Cada voz tenía su lugar entre las otras.
Quizá por eso, cuando trabajo con estas multitudes, nunca siento que las esté mirando desde fuera. Y eso es lo que quiero hacer con esta instalación: buscar la armonía que une todas estas historias singulares e invitar a quien la visite a buscar la música, acompañarla e identificar su propia voz como una parte más del conjunto.
Natasha Lelenco

Ficha técnica
Voces y retratos de la instalación audiovisual
Andrea Carolina Pavón · Cătălin Oprea · Diana Camila Ugaz · Douchan Fofana · Edugriel Emperatriz Acevedo · Eric Manuel · Fátima Pérez Piñón · Ibrahim Adamuu · Isyan Germán Lugo · Joe Sebastián Castro · José Antonio Mendoza · Mariana Oprea · Mia Melissa Espinosa Izquierdo · Pablo José Varela · Papa Yata Boye · Veruzka Méndez
Personas entrevistadas
Adriana Patricia Gil Bedoya · Alana Pérez · Ana Rosa Machado Vásquez · Cătălina Oprea · Celsusy · Crespo Rodríguez · Daniela Treszezamsky Soto · Denisa Maia Luca · Doralkis Batista Silva · Dugribel Euclimar Acevedo · Edalyxi · Fatu Sadji · Fernando Carrillo Ugarte · Fernando Mouriño Pérez · Filipa Regal · Hadj Mohamad Boule · Helena Sun Wang · Inês Oliveira Regal · Juan Roberto Vanegas · Juan Sebastián Rivera · Kay Woo · Lilit · Lorena · Maite Andrea Muro · Mame Birame Dieng · María Penélope Fábregas Izquierdo · Masakazu Shida · Melany Gabriela Petit · Nati Amini · Nati Berger · Olga Gezha · Pablo Galeano · Raimel Morales · Yeslibeth González · Yodier Alexander Cano Rivera, y otras muchas personas entrevistadas durante el desarrollo del proyecto.
Equipo
Autoría y autocomisariado
Natasha Lelenco
Dirección de producción
Casa das Peritas / Tomás Lijó
Coordinación y producción técnica Sala Alterarte - UVigo
Filemón Rivas
Equipo de producción y vídeo
Helena Amorós, Sara Barja, Silvia Domínguez, Pablo Galeano, Brais García Armada, Carmen González, Cătălina Oprea y Nahiara Prieto
Sonido
Xabier Olite
Diseño de actividades de mediación
Uxía Fernández Piñeiro
Departamento de Didácticas Especiais · Universidade de Vigo
Instalación piloto · Ourense
Sala Alterarte
Pavillón Concepción Ramón Amat
Campus de Ourense · Universidade de Vigo
24 septiembre — 13 noviembre 2026
Inauguración: jueves 24 de septiembre, a las 20:00 h.
Lunes a viernes de 9:00h a 21:00h
Lo siento, yo tampoco soy de aquí
Un ensayo visual sobre la movilidad humana.
En 2019 presentamos en JustLX Lisboa, junto con la Galería La Doce, la primera serie de Monedas de cambio. A partir de la cara de la moneda como dispositivo pictórico, Natasha Lelenco abordaba la idea de extranjería y la experiencia de «no ser de aquí».
El proyecto fue evolucionando y formando parte de muestras colectivas como la I Trienal de Tijuana, en 2021, o La Frontera / The Border, en 2024, en el Irving Archives & Museum, en el área de Dallas, Texas, entre otras. A lo largo de este recorrido se realizaron más de 250 piezas que fueron ampliando el proyecto y encontrando su lugar en distintas colecciones, dentro y fuera de España.
Siete años después, LSYTSDA toma forma en la Sala Alterarte, en Ourense, como la primera instalación piloto de un proyecto que se construye por capas. Desde una aproximación documental, reúne entrevistas, instalación sonora y visual y retrato pictórico.