Óscar Aldonza Torres: «En mi vida, naturaleza, arte y familia están integrados. Todo forma parte de lo mismo»
El escultor habla sobre materia, perseverancia y búsqueda interior desde su taller en el rural de la comarca de Santiago de Compostela (Galicia).
La práctica de Óscar Aldonza Torres (Santiago de Compostela, 1976) se construye alrededor de la figura humana, pero rara vez busca representar una identidad cerrada. Sus cabezas, cuerpos fragmentados y criaturas híbridas aparecen como lugares de tránsito entre la materia cruda y la forma trabajada.
Formado en Técnicas de Volumen en la EASD Mestre Mateo, licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y máster en Gestión del Patrimonio Artístico por la Universidad de Santiago de Compostela, Aldonza combina su práctica como escultor con la docencia en la EASD Mestre Mateo.
Su trabajo mantiene una relación directa con los materiales y sus procesos de transformación. Cerámica, barro refractario, bronce, hierro, madera y superficies oxidadas conservan las marcas del modelado, el fuego, el peso y el tiempo. La imperfección no aparece como accidente que deba ocultarse, sino como parte activa del significado.
En series como Testas, Extravagantes, Bichos o Aprendices, la figura humana se modifica mediante la fragmentación, la hibridación o el encuentro con estructuras y objetos imposibles. Sus esculturas de bronce amplían esta investigación desde procedimientos muy diferentes: desde la fundición tradicional a la cera perdida hasta el traslado directo al bronce de modelos realizados en papel.
Conversamos con él sobre su taller, la primera escultura que cruzó Santiago cargando entre los brazos, los rechazos cotidianos y una obra que algunos pueden leer como oscura, aunque para el artista responda a una búsqueda mucho más precisa: mirar hacia el interior.
Panorámica del taller cortesía del artista
Los otros habitantes del taller
¿Qué especie es, o podría ser, tu mejor ayudante de taller: gato, perro, humano, planta…?
No sabría decirlo. Convivo con muchos animales pero no ayudan demasiado. Yo diría que son “los otros habitantes del taller” y los hay de varias especies: gatos, perros, gallinas, pavos… Ayudar no ayudan, pero hacen compañía.
Háblanos de tu espacio de trabajo. ¿Cómo es, dónde está y por qué acabaste trabajando ahí?
Trabajo en un espacio bastante grande, una antigua construcción agrícola anexa a mi casa.
Vivo en el campo y siempre supe que acabaría en una casa rural, con el taller formando parte de mi rutina diaria. En mi vida, la naturaleza, el arte y la familia están integrados. Todo forma parte de lo mismo.
¿Qué no puede faltar nunca en tu taller?
Música.
Improvisar con cierto orden
¿Música a todo volumen o silencio absoluto? ¿Qué papel tiene en tus procesos?
Música alta, pero sin que llegue a molestar. Escucho estilos muy variados: afrobeat, música brasileña, música de raíz, qawwali, rock de los sesenta… Depende de la época y del estado de ánimo.
¿En qué momento del día sientes que trabajas mejor?
Generalmente trabajo por la tarde y por la noche.
¿Eres más de planificación o de improvisación?
Prima la improvisación, el impulso, aunque no de una manera desenfrenada. Un poco de orden es necesario.
¿Qué parte del proceso te resulta más placentera y cuál es la más dura?
Me gusta especialmente el principio, el momento de la inspiración y el entusiasmo, aunque también disfruto mucho de los procesos.
Cuando las obras requieren mucho trabajo, terminarlas resulta satisfactorio, pero también un poco triste. Las piezas más directas y espontáneas no suelen tener asociada esa carga emocional, aunque en la escultura casi todo requiere tiempo.
¿Hay algún gesto, rutina o manía que repitas siempre al trabajar?
Creo que no. La rutina me resulta muy aburrida y tiendo a hacer muchas cosas diferentes al mismo tiempo.
«Prima la improvisación y el impulso, aunque no de una manera desenfrenada. Un poco de orden es necesario».
Una carrera de fondo
¿Se puede vivir del arte?
Pienso que sí, aunque sin duda exige esfuerzo. Es una carrera de fondo.
¿Cuándo decidiste que el arte podía ser algo más que un hobby?
Desde muy joven supe que quería ser escultor. Nunca me lo planteé como un hobby. Desde que empecé, la escultura ha sido una parte fundamental de mi vida.
¿Hubo algún momento clave que marcara un antes y un después en tu relación con el arte?
Al terminar la carrera me empeñé en montar un taller con unos amigos. Para mantenerlo realizábamos trabajos muy diversos para ferias, escenarios y otros proyectos.
Aquello quizá me distanció un poco de mi faceta más creativa, pero fui recuperándola progresivamente. Cuando me quedé solo en el taller comencé a producir una obra más personal. Quizá fue entonces cuando empecé a ver que podía ser artista.
¿Cuántas veces te han dicho que no como artista? ¿Cómo gestionas el rechazo?
Me lo dicen a diario, pero no es algo que me desanime. Creo que soy bastante perseverante. Simplemente, sigo trabajando y buscando otro proyecto.
¿Cómo gestionas los logros?
No busco tanto el logro como la oportunidad de realizar nuevos proyectos. Es ahí donde realmente me ilusiono.
¿Qué consejo le darías a tu “yo artista” de hace años?
Tengo una relación bastante buena con mi pasado. Pienso más en el presente y en cómo seguir adelante que en aquello que no debería haber hecho.
Hay que asumir los errores y continuar, siempre aprendiendo.
«No busco tanto el logro como la oportunidad de realizar nuevos proyectos»
Cruzar Santiago con una escultura
Cuando vendes una pieza, ¿te alegras o te entristeces? ¿Te cuesta desprenderte de ella?
No me cuesta desprenderme de las obras, especialmente cuando sé que los clientes las valoran y que se convertirán en algo especial para ellos.
Es cierto que a algunas piezas se les coge más cariño, pero prefiero concentrarme en hacer otras nuevas y seguir disfrutando del proceso creativo.
¿Recuerdas la primera obra que vendiste?
Una compañera de clase me encargó un busto de barro para regalárselo a su novio. Me hizo muchísima ilusión.
Crucé Santiago cargando con la escultura, que pesaba muchísimo. Aunque me pagaron muy poco, de alguna manera me hizo creer que todo aquello en lo que me estaba metiendo, el arte, la escultura, podía ser realmente posible.
¿Hay alguna pieza que nunca das por terminada, pero que tampoco abandonas?
Hay alguna obra que retomo después de un tiempo, pero no es muy frecuente.
¿Cuándo pones título a tus obras?
No tengo un sistema fijo. Puede ser antes, durante o después.
¿Alguna vez destruiste una escultura para realizar otra?
Creo que no. Eso es difícil en escultura.
Mirar hacia el interior
¿Qué parte de tu trabajo crees que suele entenderse peor?
A veces me dicen que mi obra es triste, pero yo no soy una persona triste.
Creo que se confunde el carácter melancólico con la introspección. Mi búsqueda se dirige hacia el interior y quizá eso no siempre se entiende bien.
Tampoco es algo que me preocupe especialmente, porque me agrada que el público realice su propia lectura. De algún modo, así también hace suya la obra.
«Mi búsqueda se dirige hacia el interior, pero me agrada que el público realice su propia lectura. De algún modo, así también hace suya la obra».
Una obra vendida dos veces
¿Alguna vez una obra estaba vendida, pero el cliente acabó desapareciendo?
Tengo una que vendí dos veces, pero nunca llegaron a llevársela.
El cliente, que conocía la obra porque la había visto en el taller, me llamó justo al día siguiente de que la trasladara a una exposición. La segunda vez que ocurrió le dije que se la reservaría, pero todavía sigo esperando.
¿Hay algo que te genere especial rechazo en la relación de la gente con los artistas o con el mundo del arte?
La idea de que, como nos gusta lo que hacemos, podemos, o debemos, hacerlo gratis.
Creo que la sociedad debería replantearse lo que los artistas aportamos a la comunidad y aprender a valorarlo un poco más.
¿Qué comentario has sentido como ofensivo respecto a tu dedicación al arte?
El típico “eso no vale para nada”. Aunque uno ya no se ofende.
Entiendo que el arte no tiene por qué interesarle a todo el mundo y que ese comentario procede únicamente de la ignorancia.
De Giacometti al arte mal llamado primitivo
¿Café u otra bebida en el taller?
Para trabajar, agua. Cuando termino, me gusta tomar una cerveza fresca.
Recomiéndanos algunos artistas cuya obra haya sido importante para ti.
Me gustan muchos y disfruto descubriendo artistas nuevos, pero entre quienes me han marcado citaría a Alberto Giacometti, Katsura Funakoshi, Miguel Ángel, Auguste Rodin y Antony Gormley.
También todo el arte mal llamado “primitivo”, aquel que la historiografía eurocéntrica ha excluido: el arte africano, prehispánico, polinesio y muchas otras tradiciones.
Rodin y Miguel Ángel fueron muy importantes durante mi etapa como estudiante. El arte denominado primitivo formó parte de mis primeras búsquedas para encontrar un arte “auténtico” y una propuesta personal. Pero fueron escultores contemporáneos como Giacometti, Funakoshi o Gormley quienes me guiaron hacia mi propia identidad como escultor.
¿Qué artista te habría gustado que fuera tu maestro?
Fui discípulo de José Cao Lata, quien, a su vez, fue discípulo de Asorey. Pero mis verdaderos maestros han sido algunos de mis profesores y mis libros.
Mi carácter solitario me lleva generalmente a explorar el camino por mi cuenta.
¿Con qué artista famoso harías un viaje largo en coche?
No soy muy sociable. Creo que me sentiría muy cohibido si viajara con algún personaje al que admiro.
Aunque sin duda aprendería mucho de él o de ella, quizá no me subiría a ese coche.
¿A quién no subirías bajo ningún concepto?
A un fascista.
¿Hay alguna referencia a la que siempre regreses?
A la música.
Libros, cine y encuentros
¿Qué autores forman parte de tu bibliografía fundamental?
Prefiero citar a dos autores. Sin duda, quienes más me han conmovido son León Tolstói y Chantal Maillard.
Cuando los leo entro realmente en otro mundo. Con ellos conformo mi pensamiento todavía hoy, porque constituyen una fuente inmensa de sabiduría. Aunque, naturalmente, hay muchos más.
¿Una película y un cineasta fundamentales?
Una película, Dersu Uzala, de Akira Kurosawa. Y un director, Werner Herzog. Ambos son fundamentales para mí.
¿Qué artista contemporáneo te gustaría que conociéramos?
Cuando descubrí a Javier Marín me impactó mucho su tratamiento de la escultura y me llamó la atención que fuera un artista tan reconocido.
Pero el impacto más profundo que he experimentado al descubrir a un artista fue con Katsura Funakoshi. Sentí una gran conexión con su escultura y, al estudiar su biografía, encontré algunas coincidencias con mi propio camino que me resultaron muy llamativas.
¿Un museo o lugar al que regresarías?
Recuerdo salir del Louvre completamente absorto. No sé si volvería porque me molesta la saturación actual de muchos museos, aunque seguramente sí lo haría. Resulta difícil contemplar las obras con calma.
También me gusta mucho visitar ruinas arqueológicas y descubrir esculturas mientras camino por una ciudad.
Coincidir en el camino
¿Hay algo más que quieras contarnos?
El arte es un camino y un proceso. Lo mejor que puede sucederte —y a veces sucede— es coincidir en él con otras personas que también lo recorren.
Con ellas, el disfrute se multiplica. Las ideas y los proyectos compartidos son siempre los más interesantes. Por eso me siento muy afortunado.
La figura como experiencia, no como representación
Aunque la figura humana ocupa una posición central en la obra de Óscar Aldonza, sus esculturas no funcionan únicamente como representaciones de individuos concretos. El rostro y el cuerpo aparecen como estructuras abiertas sobre las que actúan la memoria, la vulnerabilidad, la experiencia y los procesos materiales.
En las Testas, la repetición de la cabeza no elimina la singularidad. Cada variación del modelado, del esmalte o de la cocción produce una presencia diferente. La serie permite pensar simultáneamente en el individuo y en la colectividad, evitando que ambas categorías se presenten como opuestas.
En otras obras, el cuerpo se fragmenta, se prolonga mediante hierro o madera o se aproxima a formas animales e insectiles. Estas transformaciones no conducen necesariamente a una pérdida de humanidad. Por el contrario, amplían las posibilidades del cuerpo y cuestionan la idea de una identidad fija, estable y autosuficiente.
La materia participa activamente en esa construcción. Las superficies rugosas, las oxidaciones, las grietas y las marcas del modelado muestran que toda forma es resultado de un proceso. Incluso cuando una escultura se funde en bronce, conserva las huellas del papel arrugado, del barro o del gesto que dio origen al modelo.