Vera Vizzi: «La parte más interesante es la idea: el momento en el que todavía no existe nada y todo está por hacer»
La artista italiana habla sobre su paso del diseño gráfico a una práctica material, la relación entre imagen y objeto, el trabajo sin plazos y la construcción de escenarios en los que nuestra escala deja de ser estable.
La práctica de Vera Vizzi (Milán, 1983) parte de una tensión característica de nuestro presente: la existente entre la imagen digital y la necesidad de recuperar una experiencia física de las cosas. Formada en Diseño de Comunicación en el Politécnico de Milán, trabajó durante más de una década como diseñadora gráfica antes de abandonar la pantalla para comenzar a modelar, construir y pintar con las manos.
Ese desplazamiento no supone una ruptura completa con el diseño. En sus obras continúa siendo fundamental la manera de organizar visualmente una superficie, dirigir la mirada o producir una imagen reconocible. Sin embargo, la materia introduce algo que la pantalla no puede controlar por completo: volumen, textura, accidentes, peso y resistencia.
Sus pinturas tridimensionales y relieves murales desdibujan las fronteras entre imagen, escultura y objeto. Superficies lunares, cavidades azules, dulces, píldoras, alimentos y figuras humanas diminutas componen escenarios en los que las relaciones de escala permanecen abiertas. Lo doméstico puede adquirir una dimensión monumental y un pequeño personaje aparecer expuesto ante un paisaje que parece no tener fin.
En series como Lunas, Domino o Candy Machines, Vera Vizzi trabaja con formas procedentes de la cultura cotidiana y del consumo, pero las separa de su función original para convertirlas en situaciones visuales ambiguas. La seducción del color convive con cierta extrañeza: lo que inicialmente parece lúdico puede hablar también de deseo, aislamiento, fragilidad o dependencia.
En 2026 presentó su trabajo con Casa das Peritas en Hybrid Art Fair, en Madrid. Conversamos con ella sobre la vida en el estudio, el abandono de un empleo estable y la necesidad de transformar las imágenes en objetos capaces de ocupar un espacio real.
Trabajar a solas
¿Qué especie es , o podría ser, tu mejor ayudante de taller: gato, perro, humano, planta…?
No me gusta trabajar con gente a mi alrededor. Necesito disponer de mi propio tiempo.
Si pudiera escoger a alguien a quien “utilizar” como ayudante, elegiría a un masajista que, cuando fuera necesario, me arreglara la espalda y los dolores musculares que sufro.
Háblanos de tu espacio de trabajo. ¿Cómo es, dónde está y por qué acabaste trabajando ahí?
Durante mucho tiempo trabajé desde casa, pero no tenía espacio suficiente para producir piezas de mayor tamaño. Además, estaba convirtiendo el salón en un desastre.
Busqué otro lugar y encontré un estudio cerca de casa, donde mis gatos tampoco pueden destrozar las obras.
¿Qué no puede faltar nunca en tu taller?
La luz del sol.
Sin plazos impuestos
¿Música a todo volumen o silencio absoluto? ¿Qué papel tiene en tus procesos?
Depende mucho del momento. Cuando escucho música, me gusta que suene fuerte y directamente en los oídos. Puede ser música de baile o música italiana, si tengo ganas de cantar.
¿En qué momento del día sientes que trabajas mejor?
Trabajo mucho mejor a partir de la tarde. Si tengo la oportunidad de continuar por la noche, disfruto muchísimo.
¿Eres más de planificación o de improvisación?
No me gusta decidir de antemano lo que voy a hacer, salvo que sea estrictamente necesario. Podría llegar el momento de comenzar una tarea y descubrir que en realidad quiero hacer otra cosa.
Tengo en la cabeza una planificación de lo que necesito hacer, pero no me gusta imponerme plazos.
¿Qué parte del proceso te resulta más placentera y cuál es la más dura?
La parte más interesante es la idea: el momento en el que todavía no existe nada y todo está por hacer.
La parte más cómoda es la realización, porque en ese punto el trabajo se vuelve más mecánico. La más difícil o, mejor dicho, la más aburrida, es la promoción de las obras.
«La parte más interesante es la idea, cuando todavía no existe nada y todo está por hacer».
De la pantalla a la materia
¿Se puede vivir del arte?
Depende de muchas variables. Y, sobre todo, depende de cómo quieras vivir.
¿Cuándo decidiste que el arte podía ser algo más que un hobby?
Dejé un trabajo seguro como diseñadora gráfica porque me sentía encerrada. Volví a comenzar hace algunos años sabiendo únicamente que mi creatividad no podía quedar enterrada.
¿Hubo algún momento clave que marcara un antes y un después en tu relación con el arte?
Cuando empecé a vender algunas obras y comprendí que no era solamente una ilusión.
¿Cuántas veces te han dicho que no como artista? ¿Cómo gestionas el rechazo?
Los “noes” son innumerables. Pero, teniendo en cuenta que estoy en constante evolución, quizá algún día se conviertan en un “sí”, seguido de un “por favor”.
¿Cómo gestionas los logros?
Soy muy crítica y autocrítica, así que no me duermo en los laureles. El mundo está en continua transformación y todo puede cambiar en un segundo.
¿Qué consejo le darías a tu “yo artista” de hace años?
Que se enfadara menos.
«Dejé un trabajo seguro como diseñadora gráfica porque me sentía encerrada».
Obras hechas para circular
Cuando vendes una pieza, ¿te alegras o te entristeces? ¿Te cuesta desprenderte de ella?
Me hace muy feliz. No creo las obras para mí.
¿Recuerdas la primera obra que vendiste?
Participaba en un mercado de artesanía y entonces realizaba obras parecidas a pequeños dioramas.
Un hombre compró una pieza para regalársela a su esposa por su cumpleaños. Costaba 150 euros y se titulaba Aurora.
¿Hay alguna pieza que nunca das por terminada, pero que tampoco abandonas?
Sí.
¿Cuándo pones título a tus obras?
Muchas veces el título aparece durante la creación.
¿Alguna vez borraste o destruiste una pieza para realizar otra encima?
No.
¿Qué parte de tu trabajo crees que suele entenderse peor?
Espero que ninguna.
Singularidad y valor
¿Hay algo que te genere especial rechazo en la relación de la gente con los artistas o con el mundo del arte?
Cuando no estamos hablando de grandes nombres, el valor económico del arte suele ser poco reconocido.
La gente tiende a pedir descuentos directamente al artista sin tener en cuenta que está comprando una pieza única: nadie más en el mundo tendrá otra igual.
Esas mismas personas pueden comprar después por miles de euros un bolso de una marca conocida, probablemente producido en China y del que existen cientos de miles de ejemplares en todo el mundo.
«No creo las obras para mí».
Volver al mar
¿Café u otra bebida en el taller?
Agua con gas.
Recomiéndanos cinco artistas cuya obra deberíamos conocer.
Pejac, Guillermo Lorca García, Jacopo Di Cera, Willy Verginer y Anton Gudim.
¿Qué artista te gustaría que fuera tu maestro?
Me gustaría aprender de Pejac.
¿Con qué artista famoso harías un viaje largo en coche?
Con Caravaggio. Me gustaría escuchar todas las historias sobre los problemas en los que se metió durante su vida.
¿A quién no subirías a tu coche bajo ningún concepto?
A Donald Trump.
¿Hay alguna referencia artística o cultural a la que regreses una y otra vez?
Siempre vuelvo al mar.
¿Un libro que deberíamos leer?
La isla de Arturo, de Elsa Morante.
¿Y algunas referencias cinematográficas?
Me gusta mucho el cine de Ferzan Özpetek, Pedro Almodóvar y Gabriele Salvatores.
¿Qué artista actual te gustaría que conociéramos?
A @artolgagal. Es una artista muy sensible, pinta exclusivamente animales y me encanta su trabajo.
¿Un museo o lugar al que siempre regresarías?
La Fondazione Prada, en Milán, y el Moco Museum, en Ámsterdam.
Imágenes que ocupan espacio
La trayectoria de Vera Vizzi permite leer su obra desde una sensibilidad posdigital. Su abandono del diseño gráfico no implica rechazar la cultura visual de la pantalla, sino trasladar sus procedimientos a un medio en el que las imágenes dejan de ser planas, luminosas e inmateriales.
En sus relieves, cada imagen adquiere espesor. La superficie proyecta sombras, cambia con la luz y obliga al espectador a modificar su posición. La obra ya no se ofrece únicamente para ser observada frontalmente: comparte el espacio con quien la contempla.
Esta condición resulta especialmente visible en sus piezas circulares y en las pequeñas figuras que incorpora a algunos trabajos. El cuerpo humano aparece reducido hasta convertirse en una medida provisional frente a entornos que podrían ser planetarios, marinos o microscópicos. No sabemos con certeza si contemplamos una realidad ampliada o un mundo visto desde una enorme distancia.
También los objetos procedentes del consumo cotidiano cambian de estatuto al ser modelados y aislados. Píldoras, dulces o alimentos conservan su capacidad de seducción, pero dejan de ser simples productos para convertirse en signos. Su familiaridad facilita la entrada en la obra; su transformación material impide que permanezcamos en una lectura únicamente decorativa.
En ese tránsito entre pantalla y materia, entre lo reconocible y lo incierto, Vera Vizzi construye imágenes que no se limitan a representar un mundo: adquieren cuerpo y comienzan a formar parte de él.