María Magán Lampón: «La parte que más disfruto es el propio proceso creativo: desde las primeras pruebas y los bocetos hasta la realización de la obra final»

Visitamos el espacio de trabajo de María Magán Lampón en Boiro para hablar de planificación, procesos creativos, vocación y del difícil momento en el que una artista decide que una obra está terminada.


María Magán Lampón nos abre las puertas de su espacio de trabajo en Boiro y habla sobre planificación, procesos creativos, vocación, desprendimiento y algunas de las mujeres que atraviesan su imaginario.

La práctica de María Magán Lampón se mueve con naturalidad entre la pintura, el objeto y la experimentación con materiales cotidianos. En series como Chicles o Procesos, la artista transforma formas y elementos reconocibles —envoltorios, látex, arquitecturas, juguetes o residuos vinculados al consumo— para situarlos en un territorio ambiguo, a medio camino entre lo familiar y lo extraño.

Su obra puede adoptar la apariencia ampliada de un chicle, convertirse en una superficie plegada o construir arquitecturas imposibles que parecen surgidas de una maqueta, un recuerdo o un juego. Bajo esa apariencia inmediata y a menudo colorista, su trabajo habla también de transformación, deseo, fragilidad y de nuestra relación con los objetos.

María trabaja en Boiro, en el espacio compartido de la galería la doce, un proyecto que puso en marcha hace una década. Desde allí desarrolla una práctica mucho más planificada de lo que el carácter lúdico de algunas de sus obras podría hacer pensar.

Conversamos con ella sobre la vida en el taller, el momento siempre difícil de declarar terminada una obra y la necesidad de permitir que las piezas, una vez expuestas, comiencen a relacionarse con el mundo.

Háblanos de tu espacio de trabajo. ¿Cómo es, dónde está y por qué acabaste trabajando ahí?

Trabajo en el coworking de la galería La doce, en Boiro. Es un espacio diáfano pensado para compartir con otros creadores. Hace diez años surgió la necesidad de crear este espacio como una salida empresarial. Hoy sigue funcionando.

¿Qué no puede faltar nunca en tu taller?

Música, agua y fruta.

¿En qué momento del día sientes que trabajas mejor? ¿Eres matutina o vespertina?

Antes era vespertina. Ahora trabajo en cualquier momento en el que pueda dedicarle una hora.

¿Eres más de planificación o de improvisación en el taller?

De planificación, siempre. Aunque hay días en los que me permito experimentar e investigar sin planificar.

¿Qué parte del proceso te resulta más placentera y cuál es la más dura?

La más placentera es el propio proceso creativo: desde el inicio, las pruebas y los bocetos hasta la realización de la obra final. Eso es lo que más disfruto.

La parte más dura es la catalogación, el registro de imágenes, la redacción de proyectos…

¿Hay algún gesto, rutina o manía que repitas siempre al trabajar?

Seguramente, pero no me miro mientras trabajo. Posiblemente haga gestos raros con la boca, aunque no sabría decir exactamente cuáles.

¿Se puede vivir del arte?

Sí, aunque no todos lo hacen.

¿Cuándo decidiste que el arte podía ser algo más que un hobby?

Desde que decidí emprender mi propio negocio, la doce, en torno a la industria artística.

¿Qué consejo le darías a tu “yo artista” de hace años?

Ninguno. Volvería a dar los mismos pasos.

Dejar que la obra se vaya

Cuando vendes una pieza, ¿te alegras o te entristeces? ¿Te cuesta desprenderte de ella?

Me alegra. Creo que, una vez expuesto el trabajo, la obra tiene que viajar y relacionarse con el mundo.

Para mí, el momento en el que me desvinculo de una pieza es el de su exposición. Es entonces cuando la doy por concluida.

¿Recuerdas la primera obra que vendiste?

Fue a un galerista de Rianxo, durante mi primera exposición individual. Yo todavía estaba estudiando Bellas Artes; creo que cursaba cuarto o quinto. No recuerdo el precio, pero seguramente fue algo anecdótico.

¿Hay alguna pieza que nunca das por terminada, pero que tampoco abandonas?

Seguiría trabajando en todas ellas. Me cuesta decidir que una obra está terminada. Cuando se expone, se queda así: ya no la toco más.

Cuando pones título a tus obras, ¿lo haces al principio, durante el proceso o al final?

Casi siempre al final, aunque a veces el título se va haciendo con la propia obra.

¿Qué artista te gustaría que fuera tu maestro o maestra?

Admiro a Remedios Varo, Maruja Mallo, Hilma af Klint y Ghada Amer. Todas me parecen artistas poderosas de las que me gustaría aprender.

Pero, entre todos los grandes artistas, si tuviera que escoger a uno como maestro, sería Durero.

¿Con qué artista famoso harías un viaje largo en coche?

Con Tamara de Lempicka. Creo que sería divertido.

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