José Perozo: «Intento dejar que la pieza me lleve cuando es necesario»

El escultor nos abre las puertas de su taller y habla sobre arquitectura, mitología, procesos intuitivos, música y la decisión de abandonar un trabajo estable para dedicar su tiempo a crear.

En la obra de José Perozo (Vigo, 1978), el cuerpo humano y la arquitectura se encuentran hasta volverse inseparables. Cabezas que contienen habitaciones, bustos atravesados por estructuras, figuras construidas como edificios y materiales industriales que adquieren una dimensión orgánica forman parte de un universo escultórico reconocible y, al mismo tiempo, difícil de clasificar.

Series como Antropotectura, LarA, Fogares, Proxectos, Bastións o Fragmentaria desarrollan esta relación entre cuerpo, construcción y espacio habitado. Perozo trabaja principalmente con cemento, cerámica, madera y hierro, materiales que transforma mediante procedimientos heredados tanto de la escultura como de su experiencia profesional en el ámbito de la escenografía.

Su trabajo ha podido verse en Casa das Peritas y espacios como PO.RO.S —Museu Portugal Romano de Sicó, en Condeixa-a-Nova—, Monty4 Gallery, en A Coruña, y en ferias como Hybrid Art Fair y Estampa, en Madrid.

Visitamos su taller para hablar sobre los ritmos de trabajo, las piezas que permanecen atascadas durante años, la lógica interna del surrealismo y la importancia de dedicar el tiempo de vida a aquello que verdaderamente se desea hacer.

Maus, el ayudante menos cuidadoso

¿Qué especie es —o podría ser— tu mejor ayudante de taller: gato, perro, humano, planta…?

Soy amante de los gatos. De hecho, Maus, el gato gris con el que vivo, se afila a menudo las uñas en los troncos del taller, sin importarle si son piezas acabadas o no.

Háblanos de tu espacio de trabajo. ¿Cómo es, dónde está y por qué acabaste trabajando ahí?

Está en el bajo de la casa en la que vivo de alquiler desde hace más de quince años. Es un espacio amplio, de cien metros cuadrados, más otros veinte de almacén.

Quizá le falte un poco de altura, sobre todo para poder almacenar los materiales ocupando menos superficie. Es fresco durante todo el año, pero en invierno tengo una estufa de leña que calienta bien el espacio.

¿Qué no puede faltar nunca en tu taller?

Música y algo que picar para recuperar energía.

Trip hop, planificación y varias obras a la vez

¿Música a todo volumen o silencio absoluto? ¿Qué papel tiene en tus procesos?

Música a volumen medio. Tiene que ser algo animado, pero no demasiado, para que no me altere. Tampoco puede ser excesivamente tranquila, para que no me baje los ánimos.

Incluso prefiero que sea instrumental, para no distraerme con la voz. Por estos motivos escucho bastante trip hop y downtempo, pero también otros estilos, como rock o música clásica, sobre todo piano.

¿En qué momento del día sientes que trabajas mejor?

Por las mañanas. Entre las ocho y las tres es mi momento de mayor rendimiento.

¿Eres más de planificación o de improvisación?

Soy más de planificación, pero intento dejar que la pieza me lleve cuando es necesario.

¿Qué parte del proceso te resulta más placentera y cuál es la más dura?

Disfruto de todas las fases de creación y ejecución. Lo más duro es la parte de producción, el papeleo y el trabajo de oficina.

¿Hay algún gesto, rutina o manía que repitas siempre al trabajar?

Me gusta empezar varias piezas e ir saltando de unas a otras según el día. Así me aseguro de trabajar siempre en las fases adecuadas.

«Soy más de planificación, pero intento dejar que la pieza me lleve cuando es necesario».

Dejar un trabajo estable para ganar tiempo

¿Se puede vivir del arte?

Claro que sí, aunque es difícil y nunca se tiene la seguridad de que vaya a seguir sucediendo.

¿Cuándo decidiste que el arte podía ser algo más que un hobby?

En el momento en el que me di cuenta de que el trabajo no me dejaba apenas tiempo ni energía para hacer las cosas que realmente quería hacer.

¿Hubo algún momento clave que marcara un antes y un después en tu relación con el arte?

El momento en el que decidí dejar mi trabajo fijo en una empresa de escenografía para poder dedicarme plenamente a lo que me gusta hacer.

¿Qué consejo le darías a tu “yo artista” de hace años?

Que persevere, que no abandone y que dedique todo el tiempo de vida posible a hacer lo que le gusta. No para triunfar ni para ganar dinero, sino para pasar el tiempo disfrutando.

«Dedicaría todo el tiempo de vida posible a hacer lo que me gusta. No para triunfar ni para ganar dinero, sino para pasar el tiempo disfrutando».

Obras que encuentran un nuevo hogar

Cuando vendes una pieza, ¿te alegras o te entristeces? ¿Te cuesta desprenderte de ella?

Normalmente me alegro. Aunque da pena desprenderse de una obra, me gusta que se vaya a un nuevo hogar en el que otras personas puedan disfrutar de su presencia.

¿Recuerdas la primera obra que vendiste?

Aparte de las que vendí a familiares y conocidos, la primera obra que vendí en una exposición era una pieza pequeña. Costaba unos 450 euros, si no recuerdo mal.

Era de cerámica blanca y fue la primera de la serie Calzóns. Se la vendí a un señor que quería regalársela a su hija.

Las piezas que se resisten a desaparecer

¿Hay alguna pieza que nunca das por terminada, pero que tampoco abandonas?

Tengo muchas piezas empezadas en el taller que no sé si algún día acabaré. Son ideas que se atascan o que simplemente se quedan atrás porque algo evoluciona en ti y pierdes el hilo que te llevó hasta ellas.

Aun así, a veces las retomo desde otra perspectiva y adquieren una nueva vida, un sentido diferente. Por tanto, sí: hay muchas piezas que no están terminadas, pero que todavía no he decidido abandonar definitivamente.

¿Cuándo pones título a tus obras?

Normalmente lo pienso durante todo el proceso, pero es al final cuando queda fijado definitivamente.

¿Alguna vez destruiste o transformaste una pieza para hacer otra?

Más que borrar, como lo que hago es escultura, sería reconstruir. Pero sí, hubo piezas que iban a ser una cosa y terminaron siendo otra.

Ningures, una escultura que acabé en 2019, llevaba unos cinco años atascada. Finalmente le di otra idea y otra forma, y terminó convirtiéndose en algo más completo y coherente.

Ahora está en casa de una amiga que ya entonces utilizaba Ninguén de Ningures como nombre artístico en sus sesiones como DJ. La curiosidad es que, cuando entró en la exposición, se enamoró de la pieza antes de conocer su título.

La lógica interna de lo imposible

¿Qué parte de tu trabajo crees que suele entenderse peor?

Quizá la lógica interna que entiendo que deben tener lo intuitivo y lo surreal. Incluso en lo onírico existe un código coherente, incluso universal, por mucho que difiera de la lógica de la vigilia.

Creo que es difícil ser honesto con este simbolismo, lograr que no parezca efectista o aleatorio.

«Incluso en lo onírico existe un código coherente, por mucho que difiera de la lógica de la vigilia».

Un espantapájaros sin destinatario

¿Alguna vez entregaste una obra que nunca llegaste a cobrar o realizaste una pieza para un cliente que después desapareció?

Una vez me encargaron una escultura de un espantapájaros para una exposición dedicada a este elemento en el Camino de Invierno a Santiago.

Hice una pieza diferente de lo que solía hacer. Cuando ya la tenía terminada, la persona que me había hecho la propuesta dejó de dar señales de vida.

El artista como personaje

¿Hay algo que te genere especial rechazo en la relación de la gente con los artistas o con el mundo del arte?

El arquetipo del artista entendido como alguien excéntrico, desordenado, ególatra y superficial.

¿Qué comentario has sentido como ofensivo respecto a tu dedicación al arte?

El tópico de que esto no es un trabajo, como si no se tratase de un sector necesario para la sociedad.

De Louise Bourgeois a Arcane

¿Café u otra bebida en el taller?

Café antes de empezar. Durante el trabajo, agua fresca.

Recomiéndanos cinco artistas cuya obra deberíamos conocer.

Creo que Grzegorz Gwiazda es uno de los escultores más interesantes que conozco, tanto por su dominio técnico como por su creatividad e identidad artística. Sus obras poseen una profundidad filosófica y un dramatismo muy difíciles de alcanzar.

Otros escultores a los que admiro son Aaron Demetz —en realidad, los tres hermanos Demetz—, Cristina Córdova, Emil Alzamora y, por mencionar a alguien más cercano, Francisco Remiseiro.

¿Qué artista te gustaría que hubiera sido tu maestro o maestra?

Louise Bourgeois.

¿Con qué artista famoso harías un viaje largo en coche?

Con Anish Kapoor.

¿Hay alguna referencia artística o cultural a la que regreses una y otra vez?

A la mitología.

¿Un libro que deberíamos leer?

La novela gráfica Blast, de Manu Larcenet, por su profundidad psicológica y filosófica y por su dramatismo, tanto narrativo como visual.

¿Y una obra audiovisual que deberíamos ver?

La serie de animación Arcane. Me parece una conjunción perfecta de diferentes artes: guion, decorados, arte visual, música, luz, lenguaje de cámara e iluminación.

¿Qué artista actual te gustaría que conociéramos?

Emil Alzamora, por su trabajo en la construcción y representación de la figura humana. En Instagram: @emilalzamora.

Cuerpos que también son lugares

En las esculturas de José Perozo, una figura nunca es únicamente una figura. Los cuerpos pueden adquirir la solidez de una construcción, mientras que cabezas y bustos se abren para revelar habitaciones, ventanas, niveles o estructuras internas. La escultura se convierte así en un espacio que puede recorrerse mentalmente.

Su experiencia en la escenografía ayuda a comprender el interés por los materiales, la construcción y la dimensión espacial de las obras, pero no explica por completo un universo atravesado también por la mitología, el surrealismo y una intensa lógica simbólica.

En ese territorio, la planificación no excluye el hallazgo. Una obra puede permanecer detenida durante años y regresar después con otra forma, otra idea y otro nombre. Como explica el propio artista, llega un momento en el que es necesario permitir que la pieza marque el camino.

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