La pintura de Sofía Cristina Jiménez (Madrid, 1984) se sitúa en un territorio fronterizo entre lo real y lo imaginado. Animales, paisajes y objetos reconocibles se combinan en escenas imposibles, delicadas y ligeramente desconcertantes. En ellas, lo natural convive con superficies artificiales, brillos metálicos y cuerpos que parecen haber perdido su peso para transformarse en globos de helio. En su serie Naturaleza plástica, los animales aparecen sustituidos por versiones inflables de sí mismos e introducidos nuevamente en sus hábitats. La imagen resulta atractiva, incluso tierna, pero contiene una inversión inquietante: aquello que debería estar vivo ha sido reemplazado por una réplica brillante, ligera y potencialmente desechable. El plástico ocupa el lugar de la naturaleza y convierte el paisaje en una escenografía atravesada por la ausencia. Esta tensión entre seducción visual y conciencia ecológica recorre buena parte de su trabajo.
La artista se sirve del surrealismo, el realismo mágico y la poesía visual para abordar cuestiones contemporáneas sin renunciar al humor ni al placer de la imagen. Sus criaturas pueden parecer amables, pero nunca son completamente inocentes: bajo su apariencia lúdica se insinúan la fragilidad de los ecosistemas, el artificio y nuestra manera de transformar el mundo hasta volverlo irreconocible. Antes de dedicarse plenamente a su práctica artística, Sofía Cristina trabajó durante más de trece años en el sector del lujo para firmas como Loewe y Delpozo. Desde 2019 desarrolla su proyecto creativo, El Espacio Permanente. Su obra ha estado presente en ferias como Art Madrid y JustMad, y forma parte de colecciones como las de Royal Caribbean y el Museo Cromática de Toledo. Su pintura exige una especial atención a los reflejos, las deformaciones y los comportamientos de superficies que muchas veces no existen fuera del cuadro. Esa precisión convive con un proceso mucho más libre de lo que la apariencia final podría sugerir. Sofía organiza cada jornada y cada semana, pero improvisa frente a la obra: planifica el tiempo para poder perderse dentro de la pintura.